Noviembre y comenzaba y nosotros eramos felices.
Nos gustaba disfrutar del calor que nuestros cuerpos desprendían y abrazarnos sin cesar.
Madrid encendía sus luces y el centro cada vez más bonito, parecía que acompañaba a nuestra historia de amor.
De la mano, buscando callejones donde escondernos para alborotar nuestros cuerpos y acelerar el ritmo cardíaco.
Comenzó a llover y en vez de buscar un lugar donde cubrirnos, decidimos hacer aquello que seguro nos hacía sonreír.
Durante al menos media hora, estuvimos bailando y cantando bajo la lluvia, sin ningún ritmo, sin ninguna melodía... Solo nosotros y nuestras risas.
Aun parece que fue ayer cuando ocurrió, pero cómo han cambiado nuestras vidas desde entonces.
Tú con tus problemas, yo con los míos, al final la distancia se apodera del tiempo y las vidas de cada uno.
Y aquí estamos, recordando tus abrazos, tus palabras, tus besos y tu olor.