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miércoles, 6 de septiembre de 2017

Si por lo menos se hubieran rozado

Sentado frente a mi, cada uno en una silla, una mesa de por medio y una conversación profunda.
Sentía cómo me miraba,  cómo sus ojos paseaban por todo mi cuerpo, y a la vez me desnudaba en su imaginación.
Una mezcla de miedo, inseguridad y a la vez placersentí.  
Al percatarme de la situación,  comencé a tocarme  el pelo, cogiendo mechones y haciendo espirales con mis dedos. Él, hipnotizado, miraba cómo los formaba.
Llegó el camarero con la botella de vino, y ese momento mágico y lleno de seducción, terminó.
Terminamos hablando de nuestros planes de futuro y de lo felices que creíamos ser con la persona que compartíamos cama. 
Seguramente, en ese momento, la felicidad se hubiera potenciado si nuestros labios se hubieran,por lo menos, rozado.
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