Esperaba con miedo por el encuentro. Apareció por mi espalda y acompañado de una enorme sonrisa.
Después de horas de conversación, nuestros labios se fundieron en un cálido beso que hizo que nos olvidásemos del resto.
Besos con ganas,ardientes como el roce de su cuerpo con el mío.
Cambiamos de escenario y todo fue a mejor.
La manta nos envolvió y mi cuerpo encima del suyo, decidió dominar.
El sofá se nos hacía pequeño, directos a la habitación. Sin pensarlo, sin querer... desnudos y con mucho,mucho calor.
Algo mágico, algo totalmente saciante y adictivo sucedió.
Nuestras manos eran unas, y sin más después del ajetreo, nos arropamos con el edredón.
Dormir sobre tu pecho, escuchar tu corazón, acariciarte el pelo y no dejar de sonreír.