Quedaba poco para que llegaras. Moría de ganas por sentirte cerca. Tú y yo solos.
Esperando a que me avisaras cuando salieras de trabajar, empecé a preparar todo.
Velas por las escaleras, puerta abierta, y selección de música hecha.
Todo tenía que estar preparado, como si fuera una película.
"Enana, me ducho y voy a tu casa." Nervios. Nervios por todo mi cuerpo,como si fuera la primera vez que le viera.
Encendí cada una de las velas, cincuenta en total. En cada peldaño a mi habitación, una nota con mensaje picarón. El saxofón de fondo para caldear el ambiente.
Sonó el timbre, bajé a abrir y de una carrera me subí a la cama. Quería imaginarme su sonrisa mientras empujaba la puerta y veía la escena preparada.
Subió las escaleras,y entró a la habitación ya sin camiseta. Se abalanzó sobre mí en la cama y buscando mi boca se perdió. No había quien nos parase.
Recorrímos todo nuestros cuerpos con besos y caricias, mientras las velas se apagaban y la música se terminaba.
A penas dormímos,abrazados en una cama de noventa. Apoyada en su pecho,escuchando sus latidos y sin querer movernos.
Su mano acariciaba mi pelo y jugaba con él,mientras yo le iba haciendo cosquillitas por el brazo.
Era perfecto hasta que sonó la alarma. Ya eran las siete de la mañana,y él tenía que irse a trabajar.
"¿Quieres desayunar algo?" Le dije, y su respuesta me la dió con la mirada.Me miró de los pies a la cabeza y eso nos llevó al mejor desayuno de la historia, nos supo a gloria.